lunes, 27 de junio de 2011

Dilema de Miranda Lee

Dilema
Miranda Lee
Contemporanea Harlequin


Carolyn se alegró mucho cuando Isabel, su madre, se casó con Julian. La feliz pareja partió en viaje de luna de miel y ella se dispuso a supervisar la renovación de la casa que Julian quería regalarse a su mujer... pero la chica descubrió que el arquitecto a cargo del proyecto era Vaughan Slater, el hombre que le provocó un colapso nervioso a Isabel, diez años atrás. Era una cruel jugarreta del destino, mas Carolyn prometió evitar a toda costa que su madre volviera a encontrarse con Vaughan...

Esta historia me gusto mucho. La protagonista lucha demasiado contra sus sentimientos y sobre todo, se afirma una y otra vez en lo que creyo ver diez años atras.

El protagonista es magnifico, me enamore I love you Es decidido, y la conquista a pesar de toda la resistencia que pone ella.

La recomiendo, es una historia fabulosa. I love you

lunes, 20 de junio de 2011

La Venganza Del Italiano de Diana Hamilton

La Venganza Del Italiano
Diana Hamilton
Contemporánea Harlequin

    Argumento:
    Primero la confundió con su hermana... y después se empeñó en casarse con ella.
    Cesare Saracino iba a vengarse de la inglesa que había cuidado de su abuela… nadie robaba a su familia. Pero no se dio cuenta de que la mujer a la que obligó a volver con él a Italia no era la ladrona, sino su hermana gemela, Milly Lee.
    Milly trató de hacerse pasar por su seductora hermana y, cuando el deseo estalló repentinamente entre ellos, le resultó imposible rechazar a Cesare.
    Lo que no sabía era si él deseaba a la verdadera Milly o a la mujer que fingía ser…

Esta novela me gusto mucho, como casi todas las de esta autora. Ella sabe como hacer mezcla amor-odio que atrapa al lector. Las escenas son muy pasionales y el desarrollo es fascinante. Me gustó muchísimo.

miércoles, 15 de junio de 2011

Un Amor Así: Capítulo 1

UN AMOR ASÍ
Ana María


Antonio de la Peña es el hijo mayor de Sergio y Carmen. Estuvo casado una vez con una mujer por consejo de su madre, y cuando ella murió en el parto, junto al hijo de los dos, sintió que por el desamor de él, ella no había luchado por su vida. Así que como sabe que nunca se va a enamorar, jamás se casará.
Pero la vida lo llevará a conocer a Brenda, una joven que sufre el maltrato de sus padre y a quien sólo podrá ayudar de una manera: casándose con ella.




Capítulo 1
Dificultad

−¡Brenda! ¡Brenda ven acá de inmediato!
−¿Qué pasa mamá? −preguntó la bonita muchacha que llegaba a la sala del apartamento para ver por qué su madre la llamaba de esa forma tan frenética.
−Quiero saber qué es esa estupidez que le dijiste a Conrad que no quieres casarte con él.
Brenda miró a su esa mujer fijamente y sintió que la fuerza la abandonaba. Enfrentarse a Ernestina de Durán no era lo más sencillo de este mundo. Todo lo contrario era una verdadera pesadilla. Lo sabía desde la infancia, desde que vino a vivir con su padre y ella, y la obligara a decirle "mamá".
−Es la verdad, mamá. Le dije lo que siento.
Lo que Brenda sintió enseguida fue el ardor en su mejilla derecha y la sorpresa, ambos producto de la bofetada que le dio su madre.
−Eso es para que dejes de hablar estupideces. Te vas a casar con él porque tu padre y yo lo ordenamos, porque es lo que conviene para tu futuro y porque no tienes nada más que hacer al respecto −gritó la frenética mujer. −Y ahora, vas a telefonear a tu prometido y le vas a pedir excusas por lo que dijiste.
−Yo… yo… lo siento… pero no lo haré…
La muchacha se interrumpió porque su madre la tomó por los cabellos de manera brusca.
−¡Lo harás!
−Mamá, por favor, suéltame.
La mujer mayor obedeció, pero no sin antes quedarse con un mechón de cabello rubio oscuro en la mano.
−Desaparece de mi vista, muchacha díscola. Vete a tu cuarto y reflexiona, y cuando salgas de él, sólo espero que obedezcas.
Brenda aprovechó la oportunidad para correr y encerrarse en su cuarto antes de que la mujer viera las lágrimas que comenzaban a salir de sus ojos color miel.
En cuanto se cercioró que nadie la molestaría en su alcoba, se tendió en la cama boca abajo y comenzó a llorar de nuevo por su corta vida que no era suya ni lo sería nunca, por una libertad que jamás tendría y por el amor que nunca conocería.
La vida de Brenda Durán jamás había sido fácil y jamás lo sería. Al nacer, había muerto su verdadera madre, porque no había soportado el parto, como no lo había soportado la abuela ni la bisabuela ni la tatarabuela. El destino de las mujeres de la familia había sido morir para entregarle la vida a una hija que a su vez moriría por darle la vida a otra.
En la infancia, Lorenzo, su padre siempre la había culpado de la muerte de su joven madre. Solía decirle frases como "si no hubieras nacido, tu madre seguiría aquí" o "de haber sabido las consecuencias de tu nacimiento jamás habrías venido al mudo".
Además de eso estaba el dolor que producía no tener mamá. En el colegio veía como todas sus amiguitas eran atendidas y mimadas por sus madres, pero ella jamás había tenido una a quien agradecerle por un bonito traje, a quien darle una rosa el día de las madres o a quien ir cuando algún chico la hacía llorar.
Pensó que su situación cambiaría a los nueve años, cuando Lorenzo se casó de nuevo con Ernestina, pero estaba muy equivocada. La misma mujer la había invitado a llamarla mamá, pero esa madre no era como las demás. Siempre estaba ordenando, mandando, regañando, reprimiendo y haciendo sufrir.
En cierto modo había sido bueno el que su padre se casara. Después del matrimonio cesaron las humillaciones y las acusaciones por la muerte de su madre. Ahora Lorenzo sólo tenía ojos para Ernestina y su perfecta vida de pareja, y ella desapareció para él. No la tenía en cuenta, no le hablaba, no la determinaba para nada, por el contrario de Ernestina que todos los días ideaba algo para humillarla.
De repente, desde la adolescencia ella había tomado un nuevo significado para sus padres: era una muchacha muy bonita a la que se podría sacar una buena tajada si tenían la suerte de encontrar el hombre correcto para ella.
Pero Brenda no era tonta ni mucho menos interesada. Ella quería un amor puro y desinteresado. No quería que la vendieran al mejor postor.
−¿Enserio crees que encontrarás un hombre que te quiera? ¿Para qué? Vas a morir cuando tengas un hijo −le había dicho Ernestina una vez cuando ella se rebeló.
Y por fin Brenda había visto la realidad. No viviría muchos años. Su madre había muerto a los veintitrés, su abuela a los veintiuno y su bisabuela a los diecinueve ¿qué la hacia pensar a ella que las superaría?
Cada vez que Brenda pensaba en esto lloraba con más fuerza. ¿Por qué? ¿Por qué tenía que morir tan joven y no llegar a mayor como sus vecinas o la mayoría de las mujeres? Enterró su rostro en la almohada para que su llanto desgarrador no se oyera tan fuerte como salía.
Así que había aceptado su triste destino cuando su padre le había presentado a Conrad Lenz, un descendiente de alemanes de cuarenta y ocho años -veintisiete más que la joven- y viudo con un hijo de diez años que quería casarse de nuevo… con Brenda.
Era el jefe de su padre en la fábrica de accesorios para ropa hacia más de cuatro años, cuando Brenda tenía solo 17. El hombre se había encaprichado con ella, lo que le había caído como anillo al dedo a Lorenzo.
Entonces al finalizar el colegio la habían obligado a estudiar todo lo relacionado con el diseño y fabricación de accesorios para trajes, algo que ella no quería hacer del todo, pero jamás la habrían dejado decidir. Pero eso no importaba, al fin y al cabo, cuando tuviera un hijo, terminaría todo: su vida.
Después de las insistencias de su padre y ese hombre se había fijado el compromiso formal hacia casi un año, y el día de la boda llegaría en menos de tres meses, ya que la muchacha había terminado los estudios.
Y aunque Brenda ya había aceptado el destino que la perseguía -casarse con un hombre al que no amaba y darle un hijo para morir después-, pues últimamente se había rebelado ante la nefasta idea. Al ver a sus demás amigas sentía que era absurdo no poder prolongar más su vida y tener la misma libertad de las demás, hacer su voluntad, y tratar de ser feliz.
Sabía de sobra que con el destino que la aguardaba, no ejercería su carrera por mucho tiempo, no podría ser libre para vivir y hacer lo que quisiera, no podría divertirse, y sobre todo, jamás conocería el amor de un hombre, porque jamás podría amar al "cabeza de bola de boliche".
No podía quedarse quieta mientras veía como los demás disponían de lo que le quedaba de vida. Tal vez no sacara nada, pero lo intentaría: entonces había hecho algo temerario.
−Conrad, no quiero casarme contigo, si lo hago es porque mis padres me obligan, pero no quiero ser tu esposa, no te amo y jamás te amaré −le había dicho a su prometido una tarde en que compartían un helado.
Esas palabras le habían caído al hombre como un baldado de agua helada.
−¿Qué quieres decir? −le había preguntado, ya que no sabía que su matrimonio había sido planeado por Lorenzo y que la joven no consentía.
−Mis padres quieren hacer un buen matrimonio para mí… por eso se encargaron de que me conocieras. Pero no te amo.
−Bueno… es que eres joven y estás muy confundida…
−No presumo de saberlo todo, pero sé qué siento.
El hombre sonrió con tristeza.
−Es que aun no conoces mi pasión −dijo tomándole una mano. Los besos de Brenda siempre habían sido fríos y jamás le había permitido ir más allá.
−No se trata de eso, se trata de amor. No siento amor ni nada por ti. Me caes bien, pero no te amo.
−Me encargaré de que me ames.
−Eso es imposible −dijo ella. −Y haré lo que pueda para evitar la boda.
El hombre había quedado tan estupefacto que no había vuelto a hablar. Ella se había ido a su casa, y ahí tenía las consecuencias de sus actos: su madre la había golpeado, y su padre de seguro lo haría más tarde.
Por eso siguió llorando de manera desgarradora.
Sólo un milagro podría salvarla de su destino.


***


Antonio estaba cada vez más asustado. Se sirvió una copa de licor y comenzó a beberla. Luego la dejó a un lado y se sentó en uno de sus lujosos sofás para devanarse los sesos.
Las cosas no estaban saliendo nada bien para la familia.
Aun no se había aclarado el maldito asunto del tráfico de drogas, y aunque se había manejado todo con discreción, pues sabía que las cosas no podría seguir tan calmadas.
Aun recordaba el ridículo diario y su horrendo titular:
“Dreams y el narcotráfico organizado”
“esta madrugada fueron encontrados más de dos kilos de cocaína escondida entre un cargamento de telas pertenecientes a una de las más prestigiosas compañías de modas.
Por el momento ni el presidente ni ningún otro miembro del consejo directivo, formado por la misma familia de la Peña, han querido hacer declaraciones para la prensa. Sin duda este asunto pone en tela de juicio no solo el buen nombre de la empresa si no el de la propia familia.
¿Podría ser que, durante todos estos años, lo que tomábamos por un floreciente negocio de modas no fuera nada más que una tapadera para el narcotráfico organizado? Por el momento la prensa solo puedes especular y preguntarse si Dreams conseguirá soslayar este escollo o por el contrario supondría el fin de la época dorada de la prestigiosa empresa”.
¿Cómo se atrevían a dudar de la integridad de Samuel de la Peña y de su estirpe? Era absurdo después de lo que su familia había hecho por el país.
Antonio respiró profundo, se levantó de la silla y comenzó a pasearse por la sala de su apartamento.
Por lo menos no estaban perdiendo dinero. El contrato que lograra Laura con Mirabond aceptando todas las condiciones de Dreams había sido una bendición de Dios. Sonrió al recordar a la pequeña Laura que había estado fabulosa al hacerse con ese contrato.
Pero eso no resolvía el otro asunto.
Volvió a caminar por la sala algo impaciente. Como que no se hallaba, no podía estar en paz.
De repente escuchó de nuevo a su ruidosa vecina…
−¡Brenda! ¡Brenda ven acá de inmediato!
−¿Qué pasa mamá?
−Quiero saber qué es esa estupidez que le dijiste a Conrad que no quieres casarte con él.
Antonio se acercó un poco más a la pared para oír mejor… parecía que los problemas de los vecinos eran algo delicados.
−Es la verdad, mamá. Le dije lo que siento −dijo la muchacha.
Antonio escuchó un golpe fuerte…
−Eso es para que dejes de hablar estupideces. Te vas a casar con él porque tu padre y yo lo ordenamos, porque es lo que conviene para tu futuro y porque no tienes nada más que hacer al respecto. Y ahora, vas a telefonear a tu prometido y le vas a pedir excusas por lo que dijiste −había dicho la mujer.
−Yo… yo… lo siento… pero no lo haré… −contestó la voz de la muchacha asustada.
De nuevo Antonio escuchó un quejido, como si a la chica la estuvieran maltratando…
−¡Lo harás!
−Mamá, por favor, suéltame.
−Desaparece de mi vista, muchacha díscola. Vete a tu cuarto y reflexiona, y cuando salgas de él, sólo espero que obedezcas.
Antonio no escuchó más ruidos y se sentó de nuevo en un sofá. Por un momento su mente dejó a Dreams para pensar en sus vecinos…
Los conocía hacía unos tres años, cuando la pareja y su hija adolescente habían venido a vivir al apartamento del lado suyo. Aunque Antonio era poco sociable, el hombre, Lorenzo había cruzado con él algunas palabras en varias ocasiones.
La mujer era tremendamente ruidosa y ya varias veces se habían quejado los vecinos por sus escándalos. Hasta se rumoreaba que golpeaba a su esposo y a su hija.
Y parecía que el asunto de ahora era realmente grave… querían obligar a la joven a casarse…
Antonio sintió un peso en su corazón y frunció el ceño… de nuevo los recuerdos y su propia experiencia lo atormentaban. Se levantó y llenó la copa de nuevo. Tomó un trago para tratar de ahogar el pasado, pero el maldito seguía allí y volvía para atormentarlo…
Al ser el nieto mayor de Samuel, había tenido la responsabilidad de unirse a Dreams desde muy joven y dejar de lado su vida sentimental y amorosa. Unas cuantas novias pasajeras, unas cuantas noches de pasión y unas despedidas breves. Así era su vida hasta que su madre le presentó a Karina.
La muchacha tenía 18 años y él 28. Era hija de unos amigos de sus padres de toda la vida y además era una chica muy bella.
Poco a poco y sin darse cuenta sus encuentros comenzaron a ser más frecuentes y "casuales" ya que parecía que coincidían en todas partes. Casi por casualidad comenzó a invitarla a salir para amplia alegría de sus familias, aunque ellos sólo eran buenos amigos.
−¿Por qué no te casas con ella? −le había dicho un día Carmen.
Antonio había fruncido el ceño.
−Mamá, ¡por Dios! ¿de qué hablas? Nos llevamos bien, pero no hay ningún sentimiento profundo, sólo somos amigos, además ella es menor que yo diez años, está muy joven para mí y para casarse, si apenas acaba de terminar el colegio.
−Estás equivocado, Antonio. La muchacha sería perfecta para ti. Es de buena familia, es muy bella, el que sea un poco menor que tú es lo de menos, diez años no son tantos. Ella está profundamente enamorada de ti. Además, Antonio, ya casi llegas a los treinta y como uno de los principales dirigentes de Dreams debes tener estabilidad emocional. Eso de andar por ahí con cuanta mujer se te cruza es absurdo, no le das buen ejemplo a tus hermanos.
Antonio se había reído de todo lo que ella decía porque lo consideraba absurdo.
Hasta una noche en la que había ido a bailar con la chica a un bar. Se había divertido mucho, había tomado mucho y cuando despertó a la mañana siguiente, estaba en la cama… con ella.
Su honor, su responsabilidad y sobre todo, su familia lo habían empujado a un matrimonio con Karina, un matrimonio que ninguno de los dos deseaba.
O eso era lo que él creía.
Para bien o para mal, Karina había quedado en embarazo de esa única vez en que estuvo con él. Algo que al principio la había llenado a ella de felicidad. Su matrimonio no era del todo normal: él estaba todo el tiempo en Dreams mientras ella estaba todo el día con Carmen hablando del bebé y haciendo miles de planes.
Pero cada día la relación era más y más fría. Antonio no la volvió a tocar y ella poco a poco comenzó a marchitarse. Le hacía reclamos y lo acusaba de andar enredado con otra mujer.
−No seas absurda, Karina −le dijo unos días antes del parto. −Además no entiendo porque esos reclamos, cuando no deseabas este matrimonio más que yo.
−Te equivocas −le había dicho ella.
−¿A qué te refieres?
−Te amo, Antonio. Siempre te he amado, desde el día en que te conocí. Tu madre me dijo que poco a poco te enamorarías de mí, pero veo que cada vez te alejas más… nunca debí hacerle caso.
Antonio estaba sorprendido: ella estaba enamorada de él y nunca lo había notado. Y esa última frase…
−¿Qué es eso de que le hiciste caso a mi madre…?
−Ella me sugirió llevarte a un bar y seducirte… si no fuera por ella no estaríamos casados ni estaríamos esperando este bebé −dijo tocándose el abultado vientre.
Y entonces Antonio había comprendido absolutamente todo. Todo había sido planeado por su madre para llevarlo al matrimonio. Ese mismo día había ido a casa de su madre a reclamarle por el hecho.
−No deberías estar furioso, Antonio −le había dicho ella. −Es lo mejor que te ha pasado, Karina es una chica bondadosa, de buena familia, va a tener a tu hijo. Ya era hora de que te casaras y yo sólo quise ayudar.
Antonio había gritado y pataleado, se había peleado con ella y con su padre que la había defendido. Pero era absurdo porque el mal ya estaba hecho, nada cambiaría su vida. Se alejó de todos, se enfrascó en su trabajo y dejó de hablarle a la familia… hasta el día en que nació su hijo y murió Karina.
El médico le había explicado que el corazón de la muchacha era muy débil, y que no había resistido el parto: había muerto de un paro cardiorespiratorio. Pero lo peor era que no se sabía si el niño se salivaría. También el corazón del bebé era muy débil y sus pulmones apenas funcionaban. Dos días después de su nacimiento, el hijo de Antonio murió.
Así se había cerrado un capítulo triste de su vida. Había tratado de volver a la normalidad. En lugar de quedarse en la casa grande que había compartido con Karina y sin ganas de volver a la casa de sus padres, había comprado ese apartamento que era pequeño pero apropiado para un hombre solo. Se había entregado por completo a su trabajo y había dejado las cosas claras con su madre.
−No quiero que vuelvas a interferir en mi vida nunca más −le había dicho él el día del funeral. −Si nos hubieras dejado en paz, Karina estaría viva, así que no trates de arreglar más vidas y menos la mía, madre.
Desde ese día, Carmen no volvió a mencionar a Karina, ni al niño ni planes de matrimonio para Antonio.
Habían pasado siete años desde los sucesos que lo habían marcado. Se había refugiado en su trabajo y no tenía tiempo para nada más. ¿Para qué casarse? Nunca se enamoraría: ese sentimiento que había hecho presa a la mayor parte de su familia no lo encontraría a él nunca, así que ¿para qué atormentar a una mujer con su desamor?
Antonio volvió al presente y vio que su copa ya se había acabado.
Al parecer la pobre chica, Brenda, estaba siendo forzada a caer en la misma trampa mortal en la que había caído él… la compadeció. Pero él no podía hacer nada por ella. ¿Acaso había podido hacer algo por sí mismo?
−Deja de pensar en tonterías −se regañó antes de volver a tomar el fólder de Dreams y enfrascarse en los negocios.


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domingo, 12 de junio de 2011

Prometida en el Edén de Barbara Cartland

Prometida en el Edén
Barbara Cartland
Historica

    Argumento:
    Acaudalado, autosuficiente y poderoso, Lord Hawkston siempre lograba lo que se proponía. Interfirió en la Vida de Dominica mediante una proposición sorprendente. Pretendía llevarse a la linda hija del vicario a su plantación ubicada en las montañas de Ceilán para que aquella se convirtiera en esposa de su joven sobrino.
    Dominica acepto. La vida como solterona en la vicaria resultaría intolerable, Y si su futuro esposo era tan apuesto y gentil como su tío sin duda esa unión matrimonial iba a ser feliz.
    La Plantación de Lord Hawkston resulto mucho mas bella de lo que el la habia descrito. Pero no todo fue vida y dulzura en el paraíso. A pesar de la inmensa gratitud que Dominica sentía por su benefactor, jamás podría casarse con el sobrino de su señoría.


Pues es muy romantico, muy dulce, asi muy estilo Barbara Cartland. Lo que significa que no hay escenas hot, sino palabras empalagosas (que a mi me encantan).

lunes, 6 de junio de 2011

El invierno de nuestro desconsuelo de Catherine George

El invierno de nuestro desconsuelo
Catherine George
Contemporanea Harlequin

    Argumento:


    Leonora despertó muy asustada, no sólo por que todo lo que la rodeaba le resultaba desconocido, sino porque ignoraba cómo se hizo la dolorosa herida en la cabeza y, peor aún… ¡no recordaba quién era!
    El doctor Penry Vaughan la había rescatado cuando la corriente la arrojó hasta su isla galesa. Sin embargo, puesto que él se había aislado para evitar el contacto con cualquier mujer, no la recibió con beneplácito.


Es una novela hermosa. Me gustó mucho porque es fascinante descubrir quien es la prota junto con ella misma. La historia de amor es genial. Muy romántica.